TRABAJO EN BOYACÁ
Estaba dispuesta a iniciar este proyecto en Bucaramanga. De llegada estuvimos casi un mes en Bogotá, pero, consideramos de mal agüero que en la primera semana de trabajo Carlos fuese atracado por un motociclista y un taxi, bajo amenaza de llevárselo. Ya en Bucaramanga nos encontramos con mi tío Gabriel y él nos comentó de una amiga que trabajaba en la Secretaría de Educación de Boyacá; con ese boleto logramos entrar cada uno en un colegio, Carlos en Sativasur y yo en Socha.
Yo fui la primera en conseguir trabajo y por medio de mi tío Martín y su esposa Doris, dí con la casa de una señora bastante mayor, Doña Inesita; con este empleo sentí que mi vida funcionaba en círculo, pues, recordé mi llegada a Bogotá en el 2011 en la casa de una señora llamada Pati; son compañías que aprendes a querer, quizás por agradecimiento o porque hay algo en ti que te identifica. Doña Inésita es una mujer conservadora, criada con una férrea disciplina católica, en un pueblo que nunca salió del todo de la edad media, un pueblo como Socha que puja culturalmente entre una cultura cambiante de migraciones internas mediante la minería, y la iglesia católica como el epicentro del intercambio cultural.
Esta foto es de mi esposo recién llegados a Socha. Al fondo se ve el poblado, estamos en un pico de una montaña de la Virgen de la Candelaria, donde todos los años la población hace procesión hasta ese lugar. Lamentablemente la vista se ha desmejorado porque se permitió construir una casa que justo tapa la hermosa vista del pueblo. Al principio salimos a caminar bastante, además porque el clima Socha se adaptaba bien y no daba muchas sorpresas. En el Instituto Educativo Pedro José Sarmiento estuve cinco meses.
Por otro lado, Carlos llegó a Sativasur en marzo 3 porque su trámite fue más demorado en la Secretaría de Educación de Boyacá. Allí hizo amigos muy queridos como los que se ven en la foto; caminó bastante e hizo mucho ejercicio. Creo que esta época fue muy feliz para él, a pesar de que vivir en un pueblo no es tan fácil como dicen, pues, en esos pequeños planetas eres una persona pública y todo lo que hagas te irá creando una imagen de la cual no puedes prescindir, por lo tanto es una responsabilidad todavía más grande que la de los docentes urbanos.
Sin embargo, la semana del 3 de julio me enteré que mi tiempo en Socha había acabado, pues me llegó un comunicado que me informaba de la terminación de labores. Mientras Carlos seguía en Sativasur. En ese tiempo empezaron a hacer los nombramientos para docentes planta del departamento, Carlos era docente provisional a termino indefinido, lo que significaba una amenaza para nuestra economía. La noticia me llegó de sorpresa, no tuve tiempo de despedirme de las profesoras, tampoco de los "chicxs", mis estudiantes; me enteré un martes y el viernes ya estaba entregando mi cargo.
Así estuve dos meses, dando vueltas de aquí para allá. Primero estuve en Paipa en la casa de mi tía Rosi, después estuve en la casa de mi tía Blanca que ocupa actualmente un primo, hijo de ella, otros días en Bucaramanga con mis padres y por supuesto, en Sativaur con Carlos. Mis familiares buscaron la manera de ayudarme, finalmente, mi tía Blanca y mi tía Esperanza lograron hacerme espacio con dos contactos indirectos con la Secretaría de Educación de ese mismo departamento y entré a trabajar en el Instituto Educativo de Cerinza para reemplazar a una docente el tiempo que quedaba de su licencia de maternidad.
Profesionalmente fue un tiempo muy valioso para mí porque me reconocí como una docente talentosa y carismática. Seguramente en este momento los estudiantes no me vean como ese último día de clases porque la preocupación de las calificaciones en este tiempo de finalización del año escolar. Pero no me preocupa mucho, sé que los chicxs sabrán entender mi posición profesional más allá del afecto. Otra cosa, no inserto imagen alguna de estudiantes porque dentro de la ley colombiana no está permitido, lo cual entiendo perfectamente; por el contrario, entrego esta foto que tomé durante una hora de planeación en el Colegio.
Sin embargo, la semana del 3 de julio me enteré que mi tiempo en Socha había acabado, pues me llegó un comunicado que me informaba de la terminación de labores. Mientras Carlos seguía en Sativasur. En ese tiempo empezaron a hacer los nombramientos para docentes planta del departamento, Carlos era docente provisional a termino indefinido, lo que significaba una amenaza para nuestra economía. La noticia me llegó de sorpresa, no tuve tiempo de despedirme de las profesoras, tampoco de los "chicxs", mis estudiantes; me enteré un martes y el viernes ya estaba entregando mi cargo.
Así estuve dos meses, dando vueltas de aquí para allá. Primero estuve en Paipa en la casa de mi tía Rosi, después estuve en la casa de mi tía Blanca que ocupa actualmente un primo, hijo de ella, otros días en Bucaramanga con mis padres y por supuesto, en Sativaur con Carlos. Mis familiares buscaron la manera de ayudarme, finalmente, mi tía Blanca y mi tía Esperanza lograron hacerme espacio con dos contactos indirectos con la Secretaría de Educación de ese mismo departamento y entré a trabajar en el Instituto Educativo de Cerinza para reemplazar a una docente el tiempo que quedaba de su licencia de maternidad.
Profesionalmente fue un tiempo muy valioso para mí porque me reconocí como una docente talentosa y carismática. Seguramente en este momento los estudiantes no me vean como ese último día de clases porque la preocupación de las calificaciones en este tiempo de finalización del año escolar. Pero no me preocupa mucho, sé que los chicxs sabrán entender mi posición profesional más allá del afecto. Otra cosa, no inserto imagen alguna de estudiantes porque dentro de la ley colombiana no está permitido, lo cual entiendo perfectamente; por el contrario, entrego esta foto que tomé durante una hora de planeación en el Colegio.


